Esposos, os voy a pedir algo muy difícil. Posiblemente lo más difícil de todo lo que os he dicho.
Os voy a pedir que entreguéis la espera a Dios sin ponerle un plazo.
No «hasta diciembre.» No «hasta que cumpla cuarenta años.» No «si para entonces no ha pasado, entonces ya…» No. Entregádsela sin plazo. Decidle a Dios: «Señor, esto que más deseo en el mundo, lo pongo en tus manos. Haz Tú con ello lo que quieras. Cuando quieras. Como quieras.«
Sé que es muy difícil. Sé que parece imposible cuando el deseo es tan grande. Pero a mí me dio muchísima paz y cuando le entregué completamente mi deseo a Dios, sin esperar nada a cambio, me quedé embarazada. Un milagro de Dios, porque padezco endometriosis grado IV y los médicos me decían que era muy complicado que me quedara embarazada.
El que entrega sin plazo recibe de otra manera. No necesariamente lo que pedía — aunque a veces sí. Sino una paz que no se entiende. Una libertad que no se explica. Una capacidad de ser feliz en el camino, no solo en el destino.
María dijo «Hágase en mí según tu palabra» sin saber lo que ese sí le iba a costar. Lo dijo sin plazos. Sin condiciones. Y en ese sí ilimitado estaba la puerta por la que entró la salvación del mundo.
Vuestro sí a Dios en este sufrimiento, vuestro «hágase tu voluntad» dicho en medio del dolor de la espera, tiene también un valor que no podéis medir. No sólo para vosotros. Para la Iglesia entera. Para las familias que os ven y aprenden. Para los hijos que vendrán — de una manera u otra — y que encontrarán unos padres que han sido purificados por la espera.
Rezad el Rosario juntos. Cada día. Ofrecedle a María esta espera. Que Ella, que esperó a su Hijo durante nueve meses en el más profundo recogimiento, sabe acompañar las esperas de los que aman.
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




