Hermano, hermana, hoy termina agosto. Termina el mes que hemos dedicado al Inmaculado Corazón de María. Y quiero despedirme de ti con la verdad más importante de todo lo que hemos compartido este mes.
El Inmaculado Corazón de María no termina hoy con agosto. No es una devoción de temporada. Es una realidad permanente. Ese Corazón sigue latiendo por ti hoy, mañana, y todos los días de tu vida. Y en el último momento de tu vida.
Hemos hablado este mes de treinta y un problemas, dolores, preocupaciones y angustias distintas. Y a todos les hemos dado la misma respuesta: acude a María. Porque María lleva a Jesús. Siempre. Sin excepción. Porque Dios es suyo, es su Hijo Jesucristo.
¿Qué te ha dado este agosto? ¿Qué ha cambiado en ti? Quizás poco. Quizás más de lo que crees. La gracia de Dios actúa despacio y en profundidad. Las semillas que se sembraron este mes darán fruto. No siempre cuando uno espera. Pero darán fruto.
No abandones a María en septiembre. Llévala contigo. Que el Rosario sea tu compañero de camino todo el año. Que su nombre sea tu recurso en los momentos de oscuridad.
Mi amada María, mi bella María, mi siempre María, madre mía. Madre tuya. Madre nuestra.
¡Viva el Inmaculado Corazón de María!
Con todo mi cariño de esta católica que os quiere, Montserrat Bellido Durán
✦ Propósito del día:
Hoy, antes de cerrar este mes de agosto, haz una pequeña consagración al Inmaculado Corazón de María. Puedes decirla con tus propias palabras: «María, me consagro a tu Corazón. Cuídame. Llévame a Jesús. Y no me sueltes.»
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




