Hermano, hermana, la tentación más difícil no es la que aparece de repente y se va. Es la que vuelve. Una y otra vez. La misma tentación, bajo formas distintas, en momentos distintos, siempre encontrando la grieta por donde colarse.
Nadie está libre de tentaciones. Ni los santos. Ni los más fervorosos. Ni los más cercanos a Dios. La tentación acompaña la vida cristiana como la sombra acompaña la luz.
María aplasta la cabeza de la serpiente. Esta imagen del Génesis, que la Tradición aplica a María, dice algo muy concreto: Ella tiene poder sobre el enemigo. El Inmaculado Corazón de María es el espacio donde la tentación pierde su fuerza.
¿Cómo? Cuando el pensamiento tentador llega, una Ave María en voz alta interrumpe ese pensamiento. Esa voz, esa oración, ese nombre de María pronunciado, tiene un poder que la experiencia de los santos confirma: el enemigo huye.
Pruébalo. La próxima vez que llegue la tentación, di un Ave María en voz alta. Y observa.
✦ Propósito del día:
Hoy, identifica la tentación que más te persigue y pon el nombre de María como tu primera respuesta cuando llegue. No la segunda ni la tercera. La primera.
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




