Hermano, hermana, la lengua es el músculo más difícil de dominar. Con ella bendecimos y maldecimos. Consolamos y herimos. Construimos y destruimos. Y muchas veces, antes de que la cabeza haya pensado, la lengua ya ha dicho lo que no debía.
Palabras que no deberían haberse dicho. Críticas que hirieron. Cotilleos que difamaron. Verdades dichas en el peor momento y de la peor manera. Mentiras convenientes. Silencios cobardes cuando había que hablar.
María habló poco. El Evangelio registra muy pocas palabras suyas. Pero cada una de ellas pesa infinito. El Magníficat. El «¿Por qué nos has hecho esto?» en el Templo. El «Haced lo que Él os diga» en Caná. El «Hágase en mí según tu palabra.»
Pocas palabras. Todas necesarias. Todas verdaderas. Todas llenas de amor.
María te enseña el arte de la palabra justa: la que edifica, la que consuela, la que dice la verdad con amor, la que calla cuando el silencio es más sabio que cualquier discurso.
Este mes, pon tu lengua bajo el Inmaculado Corazón de María.
✦ Propósito del día:
Hoy, antes de hablar en cualquier situación importante, haz una pausa de dos segundos y di internamente: «María, ¿qué diría ella en mi lugar?» Esa pausa puede cambiar muchas cosas.
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




