Hermano, hermana, el orgullo es el pecado más silencioso. Porque el orgulloso raramente se ve a sí mismo como orgulloso. Ve sus razones, su perspectiva, su versión de los hechos. Y no cede. Y el amor se va enfriando alrededor de él sin que lo note.
El orgullo aísla. El que nunca pide perdón se queda solo. El que nunca cede se queda con la razón pero sin las personas que amaba.
María dijo: «Soy la esclava del Señor.» La mujer más grande de la historia eligió el último lugar. La llena de Gracia eligió la humildad. La Madre de Dios eligió servir.
Y ese Corazón Inmaculado que eligió la humildad es el corazón más feliz que ha existido. Porque el humilde recibe. Y el orgulloso se queda vacío con todo lo que se niega a recibir.
¿Hay alguien a quien debes pedirle perdón y el orgullo te lo impide? ¿Hay alguna relación que necesita tu humildad para sanar?
Da ese paso hoy. Con María de la mano. Que Ella, la humilde de corazón, te dé lo que te falta.
✦ Propósito del día:
Hoy, identifica una situación en que el orgullo te haya impedido ceder o pedir perdón. Y pídele a María: «Mamá, dame tu humildad. La misma que te hizo grande ante Dios.»
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




