Hermano, hermana, una de las heridas más profundas que existen es la de una amistad que falla. Un amigo de años que te decepciona. Una persona en la que confiabas y que resulta no merecer esa confianza. Una relación que creías sólida y que se derrumba de repente.
El dolor de la traición de un amigo puede ser tan grande como el de una pérdida. Porque en cierta manera lo es: pierdes a alguien que creías tener.
María vivió algo parecido. En la Pasión de Jesús, los que un día le habían aclamado gritaban ahora «¡Crucifícale!». Los que habían comido con Él le abandonaron. El círculo más cercano le falló cuando más le necesitaba.
Y sin embargo, María no se cerró. Siguió amando. Siguió abriendo el corazón. Siguió acogiendo a los que llegaban.
Ese corazón inmaculado no se endurece ante la herida. Se ofrece. Y te enseña a hacer lo mismo: a no dejar que el dolor de una amistad que falla te cierre para siempre.
✦ Propósito del día:
Si tienes una amistad que te ha herido, hoy la llevas al Inmaculado Corazón de María. No para justificar lo que pasó. Para soltar el rencor que pesa. «María, te entrego esta herida. Que no me cierre el corazón.»
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




