Hermano, hermana, hay un cansancio que va más allá del cuerpo. Un cansancio del alma. El de quien lleva demasiado tiempo dando demasiado sin recibir suficiente. El de quien trabaja mucho y duerme poco y siente que nunca llega a todo.
El agotamiento no es un defecto. Es una señal de que eres humano, de que tienes límites, de que necesitas ayuda.
María trabajó. No vivió en un palacio con sirvientes. Fue una mujer trabajadora, de pueblo, que hacía el pan, lavaba la ropa, cuidaba el hogar, acompañaba a su Hijo. Una mujer fuerte, valiente, pura y sacrificada. Mujer de fe, esperanza y caridad.
Y en todo ese trabajo cotidiano, María encontró a Dios. No a pesar de las tareas diarias, sino en ellas. Porque el trabajo ofrecido a Dios se convierte en oración. Y la oración convierte el trabajo en algo sagrado.
Hoy, ofrecerle a María tu cansancio. No para que desaparezca mágicamente. Sino para que tenga sentido. Para que ese agotamiento tuyo no se pierda sino que sirva.
✦ Propósito del día:
Esta semana, antes de empezar cada jornada de trabajo, di: «María, ofrezco a Dios este día contigo. Que lo que haga hoy tenga el valor que Dios le quiere dar.» Y observa cómo cambia la vivencia del trabajo.
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




