Hermano, hermana, empieza agosto. El mes más luminoso y más largo del verano. Y quiero comenzarlo contigo diciéndote algo que quizás nadie te ha dicho últimamente con toda la claridad que merece:
¡Tienes Madre! ¿Lo sabías?
No te hablo de tu madre de la tierra, a quien también quiero y por quien rezo. Te hablo de la Madre que Dios te dio desde la Cruz, cuando Jesús moribundo señaló a María y a Juan y dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu Madre.» Desde ese momento, María es tu Madre. Tuya. Personalmente tuya.
Este mes de agosto te propongo algo sencillo y transformador: conocer a tu Madre del Cielo. O conocerla mejor. O volver a ella si llevas tiempo lejos. Porque María, el Inmaculado Corazón de María, es el corazón más puro y más lleno de amor que ha latido jamás en un ser humano.
El dueño es Dios, pero la dueña es Ella. Mi amada María, mi bella María, mi siempre María, madre mía.
Treinta y un días. Treinta y un razones para acudir a ese Corazón. Treinta y un problemas que ese Corazón puede tocar y transformar.
Empezamos.
✦ Propósito del día:
Esta noche, antes de dormir, di en voz alta: «María, eres mi Madre. Acepto el regalo que Jesús me dio desde la Cruz. Cuídame este mes de agosto.»
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




