Hermano, hermana, hay una herida que casi todo el mundo lleva y que pocas veces se nombra: la angustia de no sentirse amado de verdad.
Amado sin condiciones. Amado aunque no rindas, aunque no estés en tu mejor versión, aunque hayas fallado, aunque hayas decepcionado a los que esperaban más de ti. Esa clase de amor incondicional que el corazón humano busca desde que nace y que tan pocas veces encuentra en el mundo.
Pues bien, hermano, hermana: ese amor existe. Y tiene nombre. Y tiene rostro. Y tiene un corazón que la tradición de la Iglesia llama Inmaculado.
María te ama sin condiciones. María se entera, por tu ángel de la guarda, de lo que te pasa y se pone en marcha para venir a tu encuentro. Cuando ella llega, tu corazón salta de contento, aunque no lo notes, aunque estés tan anestesiado por el dolor que ni siquiera lo sientas.
Déjate amar por la Amada de Dios, su Madre, su Esposa, su Hija. La llena de Gracia. La que te ama y te cuida bajo su manto sagrado, en donde no debes temer nada.
¿Cuándo fue la última vez que te dejaste querer por Ella?
✦ Propósito del día:
Hoy, en algún momento de quietud, di a María: «Mamá, necesito sentirme amado/a hoy. Muéstrame tu amor.» Y permanece atento a cómo llega.
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




