Hermano, hermana, tienes en tus manos treinta y un días.
Treinta y un días para entrar en el Inmaculado Corazón de María. En el corazón más puro, más lleno de amor y más cercano a Dios que ha latido jamás en un ser humano. El corazón que dijo «sí» cuando todo el mundo hubiera podido decir «no.» El corazón que estuvo al pie de la Cruz cuando todos habían huido. El corazón que la Tradición de la Iglesia venera en agosto con especial devoción, con la Solemnidad de la Asunción como cumbre del mes.
Este no es un post de espiritualidad para personas perfectas. Es una reflexión de una católica que te quiere, escrita para acompañarte un día cada vez, ante un dolor o una preocupación real de tu vida, con la certeza de que María tiene algo que decirte sobre cada una de ellas.
Cada día encontrarás el nombre de un problema que quizás reconoces como tuyo, y la manera en que el Inmaculado Corazón de María puede tocarlo. No para que todo se arregle mágicamente. Sino para que no estés solo mientras lo atraviesas.
El camino tiene cuatro semanas. En la primera, conocemos a María. En la segunda, Ella acompaña nuestros dolores. En la tercera, la contemplamos como Reina del Cielo en la fiesta de la Asunción. En la cuarta, la llevamos a nuestra vida cotidiana.
Al final de agosto, algo habrá cambiado. Porque el Inmaculado Corazón de María no toca sin transformar.
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




