Hermano, hermana, el miedo es uno de los compañeros más fieles que tiene el ser humano. Miedo al fracaso. Miedo al rechazo. Miedo a la enfermedad. Miedo a la muerte. Miedo a equivocarse. Miedo a no ser suficiente.
Y ese miedo paraliza. Congela las decisiones. Impide los pasos. Convierte la vida en una larga espera de que las circunstancias sean perfectas para actuar. Y las circunstancias nunca son perfectas.
Mira a María. El Ángel le anunció algo que ningún ser humano hubiera podido imaginar: que iba a ser la Madre de Dios. En un mundo que podría haberla lapidado por quedar embarazada sin estar casada. Sin saber qué pasaría. Sin garantías humanas.
¿Tuvo miedo? No. «María se turbó ante estas palabras», dice el Evangelio. María se turbó, se sorprendió, pero no tuvo miedo. Y dijo sí de todas formas. Lo aceptó con plena libertad.
Eso es la fe. No la ausencia de miedo, de sorpresa. La decisión de dar el paso a pesar del no saber qué pasará. Con María de la mano. Hacia Dios.
Confía en Ella. Confía y ama a la Virgen María. Ella no defrauda.
✦ Propósito del día:
¿Cuál es el miedo más grande que te paraliza ahora mismo? Nómbralo. Y dile a María: «Mamá, tengo miedo. Dame tu valentía. La misma que Dios te dio a ti para decir sí.»
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




