Hermano, hermana, hay dolores que duelen por sí solos. Y hay dolores que duelen el doble cuando encima nadie los entiende. La incomprensión añade a la herida propia la herida de la soledad.
«Nadie me entiende.» «No sé cómo explicarlo.» «Lo que siento es demasiado complicado para ponerlo en palabras.» Y uno va cargando con eso solo, dando vueltas a lo mismo, sin encontrar a quien le pueda verdaderamente escuchar.
María fue incomprendida. El mundo no entendió su maternidad. José, al principio, decidió repudiarla en secreto. Los vecinos de Nazaret no entendían quién era su Hijo. Y cuando Jesús creció y empezó su vida pública, el Evangelio dice que «ni sus hermanos creían en él.» Qué dolor tan silencioso debió ser para Ella.
Y sin embargo, María «guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.» No necesitó que todos la entendieran. Le bastaba con Dios.
María comprende tu incomprensión. Ella misma la vivió. Y sabe que hay cosas que no necesitan ser entendidas por todos. Solo necesitan ser llevadas al Corazón de Dios.
✦ Propósito del día:
Hoy, en la oración, cuéntale a María algo que guardas por dentro y que sientes que nadie comprende. Sin buscar respuesta. Solo dejándola entrar en ese lugar donde nadie llega.
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




