Hermano, hermana, hay pérdidas que dejan un vacío que no se llena. La muerte de alguien querido. El fin de una relación. La pérdida de un sueño al que habías dedicado años. El final de una etapa de vida que no volverá.
Ese vacío es real. No se cura con distracciones. No desaparece mirando para otro lado. Hay que atravesarlo.
María sabe de vacío. Cuando bajaron a Jesús de la Cruz y se lo pusieron en los brazos, ese fue el vacío más grande que ha vivido ningún ser humano. El Hijo. Su Hijo. Muerto. En sus brazos.
Y sin embargo María siguió. Siguió con la comunidad. Siguió rezando. Siguió esperando. Porque la fe le decía que ese vacío no era el final.
Y tenía razón. El domingo llegó.
Tu vacío también tiene un domingo esperándote. No sé cuándo. No sé cómo. Pero el Corazón de Dios no deja vacíos eternos. Los llena. A su tiempo. Con su amor.
Mientras tanto, María está en el vacío contigo. No para llenarlo artificialmente. Para acompañarte en él hasta que llegue la luz.
✦ Propósito del día:
Si llevas un vacío dentro por algo o alguien que perdiste, hoy lo nombras delante de María. Sin pedir que desaparezca. Solo diciéndoselo: «Mamá, aquí hay un vacío que me pesa. Estate conmigo.»
Con cariño de hermana en Cristo,

Montserrat Bellido Durán
Fundadora y Directora de FID




